viernes, mayo 14, 2010

A fuego abierto

Son pesares, solo pesares, los vestigios de la calma
porque preferí perder una poesía, sin voz, sin alma
que volverte a mandar a la cama de un mendigo
son mentiras las noches de entretiempo, son mentiras
y una puta disfrazada de piel blanca, es la que me mira
sin adivinar lo roto en el interior moribundo de mi media vida.

Por eso, preferí perder una poesía, mientras Tú
preparabas el accidente de perderte en otras manos
de dejarte ensuciar del lodo podrido de otro muerto
que, igual que Tú de miserable, esperaba para verte
en el sitio donde empezó a morir mi tarde...

Por eso, decidí perder de día, una mística poesía.

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